Ni la lluvia, ni el frío, ni el cielo completamente gris pudieron apagar la energía que se vivió este domingo en los 21k Yerba Buena. Desde mucho antes de la largada, la “Ciudad Jardín” empezó a transformarse en algo distinto: las avenidas dejaron atrás el ruido habitual de autos y motos para llenarse de runners haciendo la entrada en calor, familias buscando un lugar sobre las veredas y grupos enteros sacándose fotos antes de afrontar uno de los desafíos deportivos más convocantes. Lo que ocurrió durante toda la mañana fue mucho más que una carrera. Fue una verdadera fiesta colectiva atravesada por la emoción, el esfuerzo y las historias personales detrás de cada corredor.

La quinta edición de los 21K Yerba Buena volvió a mostrar su crecimiento con miles de participantes llegados desde distintas provincias del país. Tucumán, Santiago del Estero, Jujuy, Catamarca, Río Negro y Buenos Aires fueron apenas algunas de las delegaciones presentes en una competencia que ya se consolidó dentro del calendario nacional del running. A pesar de la lluvia intermitente y de un circuito exigente por sus desniveles y pendientes, la convocatoria no perdió color ni entusiasmo en ningún momento.

Las largadas se realizaron exactamente en los horarios previstos y bajo el nuevo sistema de corrales diferenciados que la organización había establecido previamente según los tiempos estimados de cada runner. A las 8 comenzó la media maratón de 21 kilómetros y media hora después se puso en marcha la distancia de 10K. La ampliación de la zona de salida permitió ordenar mejor el movimiento inicial y evitar las habituales congestiones de los primeros metros, algo que fue valorado tanto por atletas amateurs como por corredores de élite.

El inicio

Apenas empezó la competencia, Yerba Buena se convirtió en un gigantesco corredor de aliento. Durante prácticamente todo el recorrido hubo vecinos apostados en las veredas acompañando a los runners bajo paraguas, camperas y mates calientes. Muchos llevaron carteles hechos a mano con mensajes de apoyo, mientras que otros alentaban a desconocidos simplemente leyendo los nombres impresos en los dorsales. En cada subida aparecían los gritos de ánimo, las palmas y el clásico “vamos, que falta poco”, que para muchos terminó siendo el empujón anímico necesario para seguir avanzando.

EMOCIÓN. Los runners demostraron su alegría en cada recorrido. Foto de Osvaldo Ripoll/LA GACETA.

El circuito volvió a dejar imágenes impactantes. La zona de Horco Molle, uno de los sectores más exigentes del trazado, obligó a los corredores a administrar energías en medio de calles húmedas y un terreno mucho más pesado de lo habitual. Algunos buscaban mantener el ritmo; otros simplemente intentaban llegar.

Las zapatillas terminaron cubiertas de barro, las medias empapadas y la ropa completamente mojada, aunque nada de eso pareció importar demasiado cuando apareció la meta. Porque detrás del cansancio físico predominó otra sensación: la satisfacción enorme de haber cumplido un objetivo que, para muchos, comenzó meses atrás entre entrenamientos, sacrificios y madrugadas.

La llegada volvió a convertirse en el momento más conmovedor de toda la jornada. Apenas los runners cruzaban el arco final y detenían el reloj, el cansancio se mezclaba con una descarga emocional imposible de ocultar. Hubo lágrimas, abrazos interminables, selfies familiares y corredores arrodillados sobre el asfalto intentando recuperar el aire mientras sonreían.

Los ganadores y las historias detrás del podio

En los 21 kilómetros masculinos, el tucumano Arón Quiroga con un tiempo de 1h 06' 17'' se quedó con la victoria en la prueba principal de la mañana. Detrás suyo finalizaron el rionegrino Alexis Corrias y el jujeño Miguel Maza, completando un podio de altísimo nivel. Entre las mujeres, la santiagueña Gisela Díaz fue la más rápida (1h 23' 33''), seguida por la catamarqueña Nadine Vilca y la tucumana Agustina Landers.

En los 10K femeninos, la gran protagonista fue Valentina Velardez. La joven concepcionense, de apenas 19 años, llegó a Yerba Buena atravesando uno de los mejores momentos de su carrera deportiva. Hace apenas unos días se consagró bicampeona argentina en los 5.000 metros y consiguió la marca mínima para representar al país en el Iberoamericano de Lima.

GANADORA. Velardez representará al país en el Campeonato Iberoamericano de mayores Lima 2026. Foto de Osvaldo Ripoll/LA GACETA.

“Vine más a disfrutar y a ver qué salía. El circuito es muy lindo y la organización siempre se vive muy bien”, contó Velardez en diálogo con LA GACETA después de quedarse con el triunfo. 

“Estoy muy contenta por todo lo que viene pasando y por lo que venimos trabajando con el profe. Hace unos días me enteré de que voy a representar a Argentina en el Iberoamericano de Lima y ahora me estoy preparando para eso. Tengo que reunir dinero para poder viajar, así que vamos a hacer rifas y distintas cosas para llegar”, agregó.

CAMPEÓN. Garzón, que venía de conquistar los 10k de Mijovi, se quedó con la categoría de Yerba Buena. Foto de Osvaldo Ripoll/LA GACETA.

En los 10K masculinos, el santiagueño Mauricio Garzón (32m 27'') se quedó con una victoria muy trabajada tras disputar gran parte de la carrera junto al tucumano Rodrigo Godino, que finalizó segundo. Mauro Neri completó el podio. 

“Es una carrera hermosa, muy desafiante y donde se vive un ambiente increíble”, expresó el santiagueño Garzón, que además aseguró que volvería a competir en Yerba Buena. “Era mi primera vez en Yerba Buena y tenía dudas por el circuito, porque es bastante irregular y exigente. Las subidas fueron duras. Nosotros en Santiago entrenamos más en llano y acá las piernas se endurecían muchísimo”, agregó.

LARGADA. Ezequiel Chavarría comanda la salida de los 21k Yerba Buena y es seguido de cerca por Arón Quiroga y Mauro Neri. Foto de Osvaldo Ripoll/LA GACETA.

Godino, por su parte, remarcó lo especial que fue correr como local y sentir el apoyo constante del público tucumano. “Escuchar que te griten tu nombre o que te alienten durante la carrera es algo muy lindo. Eso se siente muchísimo acá”, explicó.

La emoción que dejó la meta

Con el correr de las horas, la lluvia siguió cayendo de manera intermitente sobre Yerba Buena, aunque ya nadie parecía prestarle demasiada atención. La verdadera postal del día estaba en otro lado: runners caminando lentamente con sus medallas colgadas al cuello, grupos enteros sacándose fotos y familias esperando a los últimos corredores como si fueran los primeros.

Más allá de los tiempos, los podios y las posiciones, los 21K Yerba Buena volvieron a confirmar algo que ya parece una marca registrada de la competencia: cada corredor atraviesa su propia historia durante el recorrido.